domingo, 10 de enero de 2010

Manuel.

Oh Manuel! Volvimos a encontrarnos entre palabras y polvo, a seis mil quinientos la hora. Ya no tienes el semblante de niño inocente, tus facciones son más duras, tu voz es grave (como un Julio soñador), tus mejillas ásperas y tus manos… Tus manos Manuel!

Recuerdo como las mías, torpes y niñas, buscaban a golpeteos las tuyas, tanteando (con los ojos vendados) todo lo que hubiera a su paso, dando vueltas por la habitación, y de pronto, en un instante te unías y éramos dos locos girando, temblando ligeramente, y riéndonos, Manuel.

Es el recuerdo más grato que guardo de aquellos días.

viernes, 4 de diciembre de 2009

“Anda a acostarte, cierra fuerte los ojos y ya verás cómo te quedas dormida”. Fue casi lo último que me dijiste antes de que cada uno continuara con la rutina. Pero dime…. ¿Cómo es posible hacer tal cosa, si es en este estado en el que me surgen los arranques literarios, y mi mano se mueve sola sobre el ratón hacia la palabra? ¿Cómo atentar contra el pecho ya no apretado, sino que palpitante y entusiasmado? La verdad es que no te hice nada de caso, ni quise hacerlo (pero no porque pensara que estuviera mal, al contrario), planeo ocupar esta energía desbordante en escribirte algo, en des/mes/escribirte algo. Voy a tomármelo a pecho, aunque sea por última vez.
Siempre he creído que la gente se relaciona por una cosa de química, o feeling. De ese que te hace reír hasta la última gota de tristeza y preocupación. Que provoca que los pelos se ericen todos y la carne sea de pavo real. Que te hace querer gritar tan fuerte, pero lo único que se observa es el incesante temblorcito de la pierna. Que me hace sonreír, coronando el perfecto cuadro de mis cachetitos de oro. Ni te imaginas todo lo que puedes provocar con tus regañadas y tus sacadas en cara. Aunque bueno, entre bueyes no hay cornadas, siempre has podido descifrarme y desenredar la maraña de lana que me persigue a cada momento. Incluso, hasta puedo ver la botella de alcohol que traes bajo el brazo, bien apretadita (para que no se pierda), y que no dudas en utilizar cuando la herida está abierta y carnosa, cuando sangra e incluso pareciera hasta llorar.
Tu paciencia cósmica para escuchar, y tus clases fallías de conectores, son la mezcla perfecta para la montaña rusa rucia y sucia. Tus ojos verde pasto (con un toque de mañana de septiembre) con solo fijarse en los míos provocan que casi automáticamente pase de la pena la risa. Tu amor por el teatro y todos los valores que profesas, se encarnan (como una marca del indio) en mi piel y me insisten en que si hay otros caminos. Rayuela me persigue como no queriendo encontrarme, hasta en la sopa.
Si pudiera, te llevaría alto, bien alto, allí donde las nubes parecen hormigas, y en el horizonte se ven los planetas alineaditos, uno tras otro, mecánicamente/caóticamente. Te llevaría donde tu Martinica, esa isla preciosa que cuidas con tanto afecto. Donde te ríes, donde apareces tú, el que (aunque me criticas) pasa tan preocupado del resto, como yo digo hacerlo. Allí donde están pensando en este momento, que te guardas bajo la almohada, como esperando, como añorando que suceda.
… Vamos, decíme, contáme todo lo que a vos te está pasando ahora, porque o sino cuando está sola tu alma llora…
Tengo fe en ti, estaré ahí cuando te recibas, cuando cumplas tus sueños, cuando por fin puedas entregarte a lo que amas. Y nos vamos a reír, hablar por horas, y lentamente tomar nuestras mochilas y partir hacia donde la ansiedad y la cordura nos manden. He decidido tropezarme contigo en otra vida.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Los ojos ya me arden de tanto mirar,
me arden sangrando porque no les doy la tregua nocturna que necesitan.
Son las 12 y la ansiedad ya me consume… nuevo record…
generalmente me baja a las tres de la mañana,
cuando mi inconsciente, mi celular y mi pecho apretado están de acuerdo en sus maniobras kamikaze. Comienzo a contar lentamente,
deteniendo el tiempo, intensificando el sentimiento y la desesperación,
cuento todas aquellas cosas que quiero hacer, esas que de súbito se me aparecen como fantasmas, incluso si uno se pone atento, es posible sentir el ectoplasma salpicándote en la lengua (es parecida a la sensación de los Peta-Zeta).
La lista es infinita, y nada puede hacerse, pues todo es mundanamente posible, inalcanzablemente alcanzable. La histeria aumenta y agarro la cámara,
el reproductor ya sabe que música poner, y me voy.
La puerta está abierta y ya nada puede hacerse.


Infinitamente me despojo de todo aquello que no soy,
quiero creer en la reencarnación por un día,
no en esa que te perdona los pecados,
no en esa que te venden tal cual corredores de inmobiliarios.
Quiero una reencarnación para mí misma,
para enfrentarme de una vez por todas a esa que soy todo el tiempo.
Voy a plasmar todo lo que siento, todo lo que amo intensamente,
y anhelar con intensidad que puedas sentirlo, que a través de lo que yo veo me permitas algún día llegar a ti (por mientras apelo a la telepatía).
Los cachetes se me ponen rojos, últimamente no te puedo sacar de la cabeza,
y aunque todo esté yendo de maravilla (si...Como las semillas de los girasoles),
es inevitable la caída sin paracaídas que me cala hondo en los huesos.
Mientras la eternidad se va adentrando en la adrenalinica experiencia,
comienza a llover, invernalmente. Como bombas explosivas mi suelo, tu suelo,
se va llenando de hoyos.
Gotas calientes, rojas, espesas, sanguíneas, plasmáticas y eritrociticas. Son mis ojos los que están lloviendo.


Quiero agarrarte fuerte del brazo,
ponerte parche curitas donde más te duele,
sobarte la cabeza y darte un beso en el cuello.
Quiero pasearte por mis fantasías orientales,
esas de las que siempre ríes, como diciendo que no tengo remedio.
Llenarte de frambuesas, esparcirlas en tu piel amplia y blanca (como un lienzo). Hacer de ti, tus sentimientos y tu cuerpo, arte. Quiero que me permitas entrar…


…Me puedo estimular
con música y alcohol,
pero me excito más
cuando estoy con vos
siento todo irreal...


Quiero poder seguir esta historia.

PD: Guess it

Hay.AlgO:.

Hay Algo.
¿Qué más puedo decirte?
Entre cerros de libros, palabras hiperbólicas, música de tocadiscos roído por insectos imaginarios. El elefante amarillo que me mira incesante obligándome a entregarle toda mi alma a su juego azaroso, se encuentra (tratando por supuesto que nadie lo note) así como pestañeando, como de reojo, mirando celoso, enfermizo, enamorado a la nueva esfera crepuscular, que apenas envuelta por su mantita de acrílico (como queriendo y no queriendo ser desvirgada) se queda quietecita, esperando, observando, tanteando. Tiene miedo por supuesto, lo siento, sin embargo esto ya ha sucedido un montón de veces... en cosa de un segundo, se agolpa la sangre en mis cachetes (si, esos de oro) y en un baile eufórico, casi frenético, solo somos tu, yo, y ella. Somos tres, somos miles, somos uno. Es irónico en una imagen pretender captar todo, es imposible detener el tiempo y dar cuenta de todas las cosas que están pasando en ese mismo instante.

Hace rato ya (para que te voy a mentir) que mi cabeza da vueltas y vueltas, y entre nosotras: sabemos que todo ha cambiado un poco. Sin embargo, hoy me sorprendiste, hoy pudiste (y supiste) como llegar directamente a mi corazón, me quitaste las excusas para seguir pretendiendo que todo estaba bien. Gracias. Me hacía falta.

Los insectos cambian la canción.

...Monday you can fall apart
Tuesday, Wednesday break my heart
Oh, Thursday doesn't even start
It's Friday I'm in love...

Junto a esta canción, la escena es casi perfecta... así de inconsecuente y cambiante me siento... los dedos comienzan a dormirse, y la ansiedad aumenta a galope. Creo que será una larga noche. Contigo, el sol que trajiste y con él, tu sabes que si.

Love you, Blackbird.

ICC

El paso de los días se h vuelto incesante,
como una suerte de continuidad de los parques,
o como una ruleta rusa interminable,
como las mil y una noches,
sólo que ya no recuerdo si mil noches o mil días,
o semanas, o parpadeos o suspiros.


Desde la apoteosis misma de aquella noche,
todo ha sido un ir y venir de sentimientos,
que enfermos se revuelven como murciélagos en mi estómago-cerebro,
en mi núcleo posterior del hipotálamo,
del cual se desprenden látigos de colores
que inervan mi piel cuando vuelvo a sentir tur manos,
deslizándose torpes y hasta toscas por el mouse (¿ratón?) de tu máquina de hacer maravillas, como un macondo más denso y profundo,
en donde solo estás tú y Felipe, y Miguel, y Julio, y Renato y Jaco.
Ese macondo conveniente e intocable,
en donde el tiempo desaparece y todo es en 2D,
quizás por eso me cuesta encontrarte, o puede que ni siquiera estés ahí,
sino que aún te encuentres entre mis himawari, allí en mi bolsillo, allí escondido y presente, junto a todo eso que conforma mi ICC.

Es inevitable, la colonia aún no termina por drogarme
y todavía se percibe el hueco en la pared que hiciste cuando te diste cuenta que no había salida, cuando me diste cuenta y me/te dejaste/dejé caer/volar.
Permíteme respirar por un momento, que ya estoy media azul,
y eso asusta al resto, lo digo por los ojos de huevo frito.
Permíteme romper esta burbuja y que entre el agua.
Nos vemos allá, en la serena melodía de ese, el de cinco cuerdas,
allá en la eternidad cortesana.