¿Qué más puedo decirte?
Entre cerros de libros, palabras hiperbólicas, música de tocadiscos roído por insectos imaginarios. El elefante amarillo que me mira incesante obligándome a entregarle toda mi alma a su juego azaroso, se encuentra (tratando por supuesto que nadie lo note) así como pestañeando, como de reojo, mirando celoso, enfermizo, enamorado a la nueva esfera crepuscular, que apenas envuelta por su mantita de acrílico (como queriendo y no queriendo ser desvirgada) se queda quietecita, esperando, observando, tanteando. Tiene miedo por supuesto, lo siento, sin embargo esto ya ha sucedido un montón de veces... en cosa de un segundo, se agolpa la sangre en mis cachetes (si, esos de oro) y en un baile eufórico, casi frenético, solo somos tu, yo, y ella. Somos tres, somos miles, somos uno. Es irónico en una imagen pretender captar todo, es imposible detener el tiempo y dar cuenta de todas las cosas que están pasando en ese mismo instante.
Hace rato ya (para que te voy a mentir) que mi cabeza da vueltas y vueltas, y entre nosotras: sabemos que todo ha cambiado un poco. Sin embargo, hoy me sorprendiste, hoy pudiste (y supiste) como llegar directamente a mi corazón, me quitaste las excusas para seguir pretendiendo que todo estaba bien. Gracias. Me hacía falta.
Los insectos cambian la canción.
...Monday you can fall apart
Tuesday, Wednesday break my heart
Oh, Thursday doesn't even start
It's Friday I'm in love...
Junto a esta canción, la escena es casi perfecta... así de inconsecuente y cambiante me siento... los dedos comienzan a dormirse, y la ansiedad aumenta a galope. Creo que será una larga noche. Contigo, el sol que trajiste y con él, tu sabes que si.
Love you, Blackbird.
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