sábado, 28 de noviembre de 2009

Los ojos ya me arden de tanto mirar,
me arden sangrando porque no les doy la tregua nocturna que necesitan.
Son las 12 y la ansiedad ya me consume… nuevo record…
generalmente me baja a las tres de la mañana,
cuando mi inconsciente, mi celular y mi pecho apretado están de acuerdo en sus maniobras kamikaze. Comienzo a contar lentamente,
deteniendo el tiempo, intensificando el sentimiento y la desesperación,
cuento todas aquellas cosas que quiero hacer, esas que de súbito se me aparecen como fantasmas, incluso si uno se pone atento, es posible sentir el ectoplasma salpicándote en la lengua (es parecida a la sensación de los Peta-Zeta).
La lista es infinita, y nada puede hacerse, pues todo es mundanamente posible, inalcanzablemente alcanzable. La histeria aumenta y agarro la cámara,
el reproductor ya sabe que música poner, y me voy.
La puerta está abierta y ya nada puede hacerse.


Infinitamente me despojo de todo aquello que no soy,
quiero creer en la reencarnación por un día,
no en esa que te perdona los pecados,
no en esa que te venden tal cual corredores de inmobiliarios.
Quiero una reencarnación para mí misma,
para enfrentarme de una vez por todas a esa que soy todo el tiempo.
Voy a plasmar todo lo que siento, todo lo que amo intensamente,
y anhelar con intensidad que puedas sentirlo, que a través de lo que yo veo me permitas algún día llegar a ti (por mientras apelo a la telepatía).
Los cachetes se me ponen rojos, últimamente no te puedo sacar de la cabeza,
y aunque todo esté yendo de maravilla (si...Como las semillas de los girasoles),
es inevitable la caída sin paracaídas que me cala hondo en los huesos.
Mientras la eternidad se va adentrando en la adrenalinica experiencia,
comienza a llover, invernalmente. Como bombas explosivas mi suelo, tu suelo,
se va llenando de hoyos.
Gotas calientes, rojas, espesas, sanguíneas, plasmáticas y eritrociticas. Son mis ojos los que están lloviendo.


Quiero agarrarte fuerte del brazo,
ponerte parche curitas donde más te duele,
sobarte la cabeza y darte un beso en el cuello.
Quiero pasearte por mis fantasías orientales,
esas de las que siempre ríes, como diciendo que no tengo remedio.
Llenarte de frambuesas, esparcirlas en tu piel amplia y blanca (como un lienzo). Hacer de ti, tus sentimientos y tu cuerpo, arte. Quiero que me permitas entrar…


…Me puedo estimular
con música y alcohol,
pero me excito más
cuando estoy con vos
siento todo irreal...


Quiero poder seguir esta historia.

PD: Guess it

Hay.AlgO:.

Hay Algo.
¿Qué más puedo decirte?
Entre cerros de libros, palabras hiperbólicas, música de tocadiscos roído por insectos imaginarios. El elefante amarillo que me mira incesante obligándome a entregarle toda mi alma a su juego azaroso, se encuentra (tratando por supuesto que nadie lo note) así como pestañeando, como de reojo, mirando celoso, enfermizo, enamorado a la nueva esfera crepuscular, que apenas envuelta por su mantita de acrílico (como queriendo y no queriendo ser desvirgada) se queda quietecita, esperando, observando, tanteando. Tiene miedo por supuesto, lo siento, sin embargo esto ya ha sucedido un montón de veces... en cosa de un segundo, se agolpa la sangre en mis cachetes (si, esos de oro) y en un baile eufórico, casi frenético, solo somos tu, yo, y ella. Somos tres, somos miles, somos uno. Es irónico en una imagen pretender captar todo, es imposible detener el tiempo y dar cuenta de todas las cosas que están pasando en ese mismo instante.

Hace rato ya (para que te voy a mentir) que mi cabeza da vueltas y vueltas, y entre nosotras: sabemos que todo ha cambiado un poco. Sin embargo, hoy me sorprendiste, hoy pudiste (y supiste) como llegar directamente a mi corazón, me quitaste las excusas para seguir pretendiendo que todo estaba bien. Gracias. Me hacía falta.

Los insectos cambian la canción.

...Monday you can fall apart
Tuesday, Wednesday break my heart
Oh, Thursday doesn't even start
It's Friday I'm in love...

Junto a esta canción, la escena es casi perfecta... así de inconsecuente y cambiante me siento... los dedos comienzan a dormirse, y la ansiedad aumenta a galope. Creo que será una larga noche. Contigo, el sol que trajiste y con él, tu sabes que si.

Love you, Blackbird.

ICC

El paso de los días se h vuelto incesante,
como una suerte de continuidad de los parques,
o como una ruleta rusa interminable,
como las mil y una noches,
sólo que ya no recuerdo si mil noches o mil días,
o semanas, o parpadeos o suspiros.


Desde la apoteosis misma de aquella noche,
todo ha sido un ir y venir de sentimientos,
que enfermos se revuelven como murciélagos en mi estómago-cerebro,
en mi núcleo posterior del hipotálamo,
del cual se desprenden látigos de colores
que inervan mi piel cuando vuelvo a sentir tur manos,
deslizándose torpes y hasta toscas por el mouse (¿ratón?) de tu máquina de hacer maravillas, como un macondo más denso y profundo,
en donde solo estás tú y Felipe, y Miguel, y Julio, y Renato y Jaco.
Ese macondo conveniente e intocable,
en donde el tiempo desaparece y todo es en 2D,
quizás por eso me cuesta encontrarte, o puede que ni siquiera estés ahí,
sino que aún te encuentres entre mis himawari, allí en mi bolsillo, allí escondido y presente, junto a todo eso que conforma mi ICC.

Es inevitable, la colonia aún no termina por drogarme
y todavía se percibe el hueco en la pared que hiciste cuando te diste cuenta que no había salida, cuando me diste cuenta y me/te dejaste/dejé caer/volar.
Permíteme respirar por un momento, que ya estoy media azul,
y eso asusta al resto, lo digo por los ojos de huevo frito.
Permíteme romper esta burbuja y que entre el agua.
Nos vemos allá, en la serena melodía de ese, el de cinco cuerdas,
allá en la eternidad cortesana.